Arriba cantará el río
Valentina Guerrero Marin
3 de octubre del 2026 – 3 de enero del 2027
Por medio de la investigación y el pensamiento especulativo, Valentina Guerrero Marin cuestiona las concepciones hegemónicas de la naturaleza y el paisaje. A través de distintos medios y materiales, su obra investiga fenómenos atmosféricos cargados de narrativas históricas, sociales y políticas, que se vinculan con experiencias personales. El resultado es una práctica que transita entre lo científico, lo ecológico y lo imaginativo.
La observación del cielo ha sido una constante en la vida de la artista, desde los viajes familiares de su infancia para ver las estrellas —una experiencia que le enseñó a ubicarse en el mundo, tanto geográfica como políticamente— hasta el análisis de las disputas ecológicas que tienen lugar en el espacio aéreo y que encuentran en las nubes un ejemplo particularmente significativo. Estas formaciones de agua han sido objeto de imaginación desde la infancia, motivo de especulación y presagio desde tiempos ancestrales, pero también escenario de discusiones atravesadas por el Capitaloceno. Tal es el caso de las nubes atómicas, las nubes creadas para contener incendios forestales o aquellas producidas por explosiones químicas.
Arriba cantará el río presenta una serie de obras concebidas a partir del cruce entre estas investigaciones de largo aliento de la artista y una experiencia más cotidiana y cercana: observar el reflejo de las nubes en los innumerables charcos de la Ciudad de México. Las aguas negras que reflejan el cielo son síntoma y augurio de la crisis climática a la que nos enfrentamos, pero también revelan una posibilidad poética de la vida que no debemos dejar de mirar y sentir.
En la exposición, esta búsqueda se despliega a través de distintas formas de hacer perceptible aquello que, como las nubes, es esencialmente cambiante e inasible. Una serie de esculturas remite a las sombras proyectadas por nubes que en algún momento pasaron por aquí; sus superficies líquidas y reflejantes devuelven, a su vez, la mirada hacia el cielo. A ellas se suma una pieza sonora que extiende esta exploración hacia otra posible materialidad y abre una pregunta especulativa: ¿cómo suena una nube?
Andrea Bustillos Duhart
La observación del cielo ha sido una constante en la vida de la artista, desde los viajes familiares de su infancia para ver las estrellas —una experiencia que le enseñó a ubicarse en el mundo, tanto geográfica como políticamente— hasta el análisis de las disputas ecológicas que tienen lugar en el espacio aéreo y que encuentran en las nubes un ejemplo particularmente significativo. Estas formaciones de agua han sido objeto de imaginación desde la infancia, motivo de especulación y presagio desde tiempos ancestrales, pero también escenario de discusiones atravesadas por el Capitaloceno. Tal es el caso de las nubes atómicas, las nubes creadas para contener incendios forestales o aquellas producidas por explosiones químicas.
Arriba cantará el río presenta una serie de obras concebidas a partir del cruce entre estas investigaciones de largo aliento de la artista y una experiencia más cotidiana y cercana: observar el reflejo de las nubes en los innumerables charcos de la Ciudad de México. Las aguas negras que reflejan el cielo son síntoma y augurio de la crisis climática a la que nos enfrentamos, pero también revelan una posibilidad poética de la vida que no debemos dejar de mirar y sentir.
En la exposición, esta búsqueda se despliega a través de distintas formas de hacer perceptible aquello que, como las nubes, es esencialmente cambiante e inasible. Una serie de esculturas remite a las sombras proyectadas por nubes que en algún momento pasaron por aquí; sus superficies líquidas y reflejantes devuelven, a su vez, la mirada hacia el cielo. A ellas se suma una pieza sonora que extiende esta exploración hacia otra posible materialidad y abre una pregunta especulativa: ¿cómo suena una nube?
Andrea Bustillos Duhart




