La herida es un paisaje
Diego Chacón Orozco
3 de octubre del 2026 – 3 de enero del 2027
La herida es un paisaje parte de una investigación de Diego Chacón Orozco sobre el origen mítico de la pintura, narrado por Plinio el Viejo y retomado por Pascal Quignard en La imagen que nos falta. En este relato, una mujer traza sobre un muro el contorno de la sombra que su amante proyecta a la luz de una lámpara. El fuego, que ilumina y hace posible la aparición de la primera imagen, se convierte para Chacón Orozco en el punto de partida para explorar su capacidad de transformar la materia y producir nuevas formas.
Esta investigación se cruza con un proceso personal de duelo que comienza con la escritura de una serie de cartas dirigidas a sus ausentes, posteriormente quemadas como parte de un ejercicio ritual. El gesto de escribir y quemar encuentra continuidad en su pintura: Chacón interviene con fuego la superficie de la madera, revelando formas y texturas determinadas por las cualidades particulares de cada soporte. Sobre ellas, pinta paisajes que quedan parcialmente velados por la combustión, superponiendo así dos órdenes visuales: uno cultural y otro material. El primero parte del paisaje entendido no como naturaleza en sí misma, sino como una construcción de la mirada: una manera de seleccionar, encuadrar y organizar aquello que vemos. El segundo responde a las formas propias de la materia, reveladas por la acción del fuego.
En este encuentro entre pintura, fuego y materia, el artista inicia un proceso cuyo resultado no puede controlar por completo: cada madera responde de manera distinta a la combustión, haciendo visibles estructuras que permanecían ocultas. La herida deja entonces de ser únicamente una interrupción del paisaje para convertirse en aquello que también lo produce.
Andrea Bustillos Duhart
Esta investigación se cruza con un proceso personal de duelo que comienza con la escritura de una serie de cartas dirigidas a sus ausentes, posteriormente quemadas como parte de un ejercicio ritual. El gesto de escribir y quemar encuentra continuidad en su pintura: Chacón interviene con fuego la superficie de la madera, revelando formas y texturas determinadas por las cualidades particulares de cada soporte. Sobre ellas, pinta paisajes que quedan parcialmente velados por la combustión, superponiendo así dos órdenes visuales: uno cultural y otro material. El primero parte del paisaje entendido no como naturaleza en sí misma, sino como una construcción de la mirada: una manera de seleccionar, encuadrar y organizar aquello que vemos. El segundo responde a las formas propias de la materia, reveladas por la acción del fuego.
En este encuentro entre pintura, fuego y materia, el artista inicia un proceso cuyo resultado no puede controlar por completo: cada madera responde de manera distinta a la combustión, haciendo visibles estructuras que permanecían ocultas. La herida deja entonces de ser únicamente una interrupción del paisaje para convertirse en aquello que también lo produce.
Andrea Bustillos Duhart



