Balam Bartolomé

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KUAUTLI ACHTLI
Semilla de águila

Tu barro suena a plata, y en tu puño
su sonora miseria es alcancía…

Ramón López Velarde, Suave Patria.

Este proyecto pretende combinar, a partir de una sencilla acción, dos elementos activos y cotidianos en la vida diaria del mexicano, pero de los que existe poca conciencia de lo que implica su uso. Pretendo relacionar dos cosas cuyo universo simbólico abraza a quienes habitamos las fronteras físicas y simbólicas de México: el maíz y la moneda. En ambos encontramos una relación directa entre Naturaleza y Cultura, geografía y geopolítica. En una palabra, comunidad.

I

Pensemos en la moneda corriente en términos simbólicos como objetuales; lo metafórico que conlleva que una imagen grabada en metal circule de mano en mano, en el sentido cotidiano del “cambio” nunca mejor dicho, idea opuesta al dinero como concepto abstracto. Pensémoslo también en términos de flujo de energía, cultura e identidad. La moneda por si misma parece condenada a desaparecer en beneficio del dinero electrónico. Con ello desaparecería también cierta conciencia de cultura, puesto que los hechos históricos se evalúan en la medida en que son grabados en la memoria colectiva. Del mismo modo que los personajes labrados en metal, los hechos se vuelven relevantes a partir de su contexto. Así pasa con la moneda, fija hitos y personajes de un lugar determinado. Nuestra moneda en todas sus denominaciones repite un símbolo que conlleva el mito fundacional de la cultura Mexicana: el encuentro del águila (estudios recientes sugieren que se trataba en realidad de un halcón Caracara) sobre un nopal devorando una serpiente (algunas versiones del mito sustituyen la serpiente por un ave multicolor). Esta imagen, omnipresente hasta el punto de la invisibilidad, trae consigo un complejo entramado de significados y símbolos míticos que dan sentido e identidad a nuestra sociedad. La cosmogonía manifiesta en estos tres elementos no sucedió de manera casual, implicó varios siglos de migración y búsqueda. Representa –en términos sociales pero también ontológicos– el encuentro irremediable con aquello que somos y que nos representa; el encuentro con nuestro destino y con ello, la inaplazable muerte. No es casualidad que la fatalidad esté manifiesta desde siempre en nuestra cultura. 

II

Para algunas culturas mesoamericanas (mayas y olmecas, por ejemplo) el primer hombre fue creado de barro y de maíz. Más allá del mito, el maíz sigue siendo el elemento primigenio de la dieta mexicana. Su consumo, lejos ya del ritual sagrado, se mantiene en todos los estratos culturales. El tamal, del náhuatl tamalli (envuelto), es un guiso típico cuyo origen se extiende a los tiempos prehispánicos. Se hace a base de nixtamal y es un alimento de larga tradición en nuestro país. Este platillo multiforme jugaba un papel fundamental en los ritos religiosos y festividades relacionadas con diversos ciclos y festividades funerarias. En ciertos rituales religiosos, se consideraba a los tamales como un equivalente simbólico de la carne humana, y la olla donde se preparaban (el comitl), hacía las veces de vientre materno. Fray Bernardino de Sahagún comenta sobre ellos, entre otras cosas, lo siguiente: 

“Comían también tamales de muchas maneras. Unos dellos se llaman cuauteuilli tamalli. Son blancos y a manera de pella, hechos no del todo redondo ni bien cuadrados…Otros tamales comían, que son colorados y tienen su caracol encima. Hácense colorados porque después de hecha la masa la tienen dos días al sol o al fuego, y la revuelven y ansí se para colorada.”

El tamal, en tanto alimento ritual, conlleva una metáfora sobre el cuerpo sacrificado que es consumido por los asistentes a la celebración. Su ingesta en festejos o memoriales sigue arraigado en las tradiciones del mexicano. 

III

El proyecto se desarrollará del siguiente modo y en dos sesiones. Se invitará a un grupo de estudiantes de la Escuela de Bachilleres “Emiliano Zapata” de Río Grande, Oaxaca, a una plática introductoria donde se explicará el origen del escudo nacional, sus antecedentes históricos y el valor de su significado. Asimismo, se platicará sobre la importancia del maíz en nuestra cultura, su historia y significado ritual, sobre lo que conlleva su consumo en la vida diaria más allá de lo culinario. Luego, sellevará a cabo una acción colectiva en que los participantes harán cada uno dos tamales de barro, que en vez de comida, contendrán una moneda de Un peso. De este modo pretendo integrar de manera simbólica el mito a partir de un elemento primigenio como es el barro, en correspondencia al sentido escultórico que implican forma y contenido (tierra-agua-barro y metal-moneda) en términos conceptuales pero también matéricos y simbólicos, así como la relación de los ciclos vitales implícitos en la idea de tierra, semilla y fruto, por un lado, y por otro la idea de alimento, vida y permanencia, de manera tanto simbólica como cultural.

La segunda sesión contempla regresar a los participantes uno de los dos tamales que hicieron, ya cocidos. En conjunto se envolverán los tamales en totomoxtle (hoja de maíz) y habrá un pequeño convivio donde se comerán tamales de maíz, hechos por algún integrante de la comunidad. El resultado final conlleva, para mi, la ingesta del ritual simbólico colectivo a partirde la comprensión de estos objetos con que se convive a diario. Como punto final se hará una reflexión sobre la importancia de hacer consciencia de estos símbolos cotidianos y cómo el hacerlo nos permitirá tener, eventualmente, una mejor comprensión de lo que implican los conceptos de historia, comunidad y nación.
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KUAUTLI ACHTLI
Eagle seeds

Action with pesos, clay & mole tamales. 2015. 

This project (done within a residency at Casa Wabi, in Oaxaca, Mexico) used objects active in Mexico’s daily life, but with little awareness around what they represent. I related two things whose symbolic universes embrace those who inhabit the physical and symbolic borders of Mexico: corn and currency. They both connect nature and culture, geography and geopolitics. 

1. Lets consider currency in symbolic terms: the metaphor involved within the idea of an engraved metal piece that goes from hand to hand, as opposed to money as an abstraction. Currency nowadays seems doomed to disappear in behalf of electronic money. This will disappear a certain awareness of culture, since historic facts are meaningful as long as they are chronicled in collective memory. Currency set highlights and characters from a particular place. Mexican currency, in all of its denominations, repeats the image of the founding myth of this culture: the meeting of the eagle on a cactus devouring a snake. This image, ubiquitous to the point of invisibility, brings a complex web of meanings that provides identity to Mexico. 

2. For some Mesoamerican cultures (Mayan and Olmec, for example) the original man was created from clay and corn. Beyond the myth, corn remains the main component of Mexican diet. Its consumption, far away from sacred rituals, remains in all cultural strata. The tamal, from náhuatl dialect word tamalli (wrapped), is a typical stew whose origin extends to pre-Hispanic times. It is based on nixtamal (a paste done from grinded corn and lime water) and is a long time tradition. This multiform dish played a key role in religious celebrations related to life-death cycles and rites. Tamales also symbolize the human torso, the pot where they were prepared (known as comitl) served as a feminine womb and cooking represented pregnancy. Tamales, as a ritual food, carry a metaphor around the sacrificed body consumed by those attending the celebration. Ingestion of tamales on memorials and births is still rooted in Mexico. 

3. The project developed as follows: a group of students from “Emiliano Zapata” high school of Rio Grande, Oaxaca, were invited to a talk where I spoke, along with local historian Genaro Guevara, about the origins of the national emblem, its history and meaning. The talk included the importance of corn in our culture, including its daily consumption and the culinary. Then, each student was asked to make two clay tamales containing a One peso Mexican coin. This meant to symbolically integrate the myth from a primal element such as clay, in correspondence to the sculptural that involves form and content (soil-water, fire-clay and metal-currency) in conceptual terms but also symbolic relations around life cycles, the idea of earth, seed and fruit, in a symbolic and cultural way. Tamales were then wrapped in cornhusk. The final part of the action was the intake of real mole tamales, ending a collective ritual that included a new understanding of this two daily life objects. One of the two tamales made by the students was returned to them, once cooked. Its destiny remains a mystery.
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